El cáncer de colon es una enfermedad que también representa un riesgo importante para las mujeres y cuyos primeros síntomas pueden confundirse con molestias digestivas o cambios asociados al ciclo menstrual. Especialistas de Regional Cancer Care Associates (RCCA) y Liv Hospital advierten sobre la importancia de reconocer las señales persistentes y acudir a una valoración médica para facilitar un diagnóstico oportuno.
Entre los signos que requieren atención se encuentran siete síntomas que no deben ignorarse:
1. Cambios persistentes en los hábitos intestinales: episodios de diarrea, estreñimiento o alternancia entre ambos durante varias semanas sin una causa clara.
2. Sangre en las heces o sangrado rectal: puede aparecer como sangre roja brillante o heces muy oscuras. En algunos casos, podría confundirse con la menstruación o atribuirse a hemorroides.
3. Pérdida de peso inexplicable: adelgazar sin cambios en la alimentación ni aumento de la actividad física puede ser una señal que requiere evaluación.
4. Dolor abdominal, cólicos o distensión persistente: las molestias frecuentes, que empeoran o no parecen relacionarse con el periodo menstrual, deben ser consultadas.
5. Fatiga o debilidad constante: el cansancio que no mejora con el descanso puede estar relacionado con anemia causada por pérdidas de sangre en el aparato digestivo.
6. Sensación de evacuación incompleta: consiste en sentir que todavía se necesita ir al baño incluso después de evacuar.
7. Cambios en la forma de las heces: evacuaciones considerablemente más estrechas de lo habitual, especialmente si el cambio persiste, necesitan valoración médica.
Los especialistas aclaran que presentar alguno de estos síntomas no significa necesariamente tener cáncer, pues también pueden estar relacionados con otras afecciones. Sin embargo, si las señales persisten, se repiten o empeoran, es importante consultar a un profesional de salud y no atribuirlas automáticamente a la menstruación.
La detección temprana también cumple un papel fundamental. Muchos cánceres colorrectales se desarrollan a partir de pólipos que pueden crecer en el revestimiento del colon y, en algunos casos, transformarse en tumores malignos. La colonoscopia permite examinar el intestino grueso, detectar estas lesiones y retirarlas durante el procedimiento. También existen pruebas de detección basadas en muestras de heces.
En cuanto a los controles preventivos, la Sociedad Estadounidense del Cáncer y el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos recomiendan que las personas con riesgo promedio comiencen los estudios de detección a los 45 años. Quienes tienen antecedentes familiares de cáncer colorrectal, pólipos o enfermedades inflamatorias intestinales podrían necesitar evaluaciones más tempranas, según la recomendación médica.
Detectar la enfermedad en sus primeras etapas puede mejorar significativamente las posibilidades de tratamiento. Por eso, prestar atención a los cambios del cuerpo y buscar orientación médica ante señales persistentes es fundamental para cuidar la salud.


