El terremoto de magnitud 7.4 que sacudió a Chocó el pasado 10 de agosto continúa bajo análisis del Servicio Geológico Colombiano (SGC), debido al comportamiento particular de la actividad sísmica registrada después del evento principal. Hasta el 31 de agosto, la Red Sismológica Nacional de Colombia había identificado 1.340 movimientos sísmicos, con magnitudes entre 0.6 y 4.8 y profundidades de hasta 120 kilómetros.
De acuerdo con el SGC, el terremoto ocurrió a las 7:34 de la mañana, tuvo una profundidad de 103 kilómetros y produjo una ruptura de aproximadamente 100 kilómetros dentro de la placa de Nazca. La energía liberada fue equivalente, según la entidad, a entre 125 y 130 bombas atómicas de Hiroshima.
Los investigadores identificaron dos comportamientos sísmicos diferentes. En inmediaciones de San José del Palmar, los movimientos se registran entre 70 y 105 kilómetros de profundidad y han disminuido progresivamente en frecuencia, un comportamiento compatible con una secuencia de réplicas. Los mayores sismos de este grupo alcanzaron magnitudes de 4.8 y 4.3.
En contraste, en zonas de Sipí, Istmina, Medio San Juan y Litoral del San Juan se detectó actividad entre 30 y 60 kilómetros de profundidad que presenta características compatibles con un enjambre sísmico, fenómeno en el que no necesariamente existe un único sismo principal y los movimientos pueden variar en frecuencia y magnitud.
El SGC analiza si la energía liberada por el terremoto modificó el estado de esfuerzos en las rocas o si pudo producirse una migración de fluidos provenientes de la placa subducida. Sin embargo, los expertos advierten que todavía no existe una explicación concluyente.
La entidad también enfatizó que la presencia de este enjambre sísmico no permite predecir si ocurrirá otro terremoto, cuándo sucedería o qué magnitud tendría. Por ahora, la actividad continúa bajo monitoreo permanente.